El monumento al encierro: algo más que unas y unos caras

Xabier Díaz Esarte, en nombre de Hilarria, Comisión pro estela de Germán.

Interesante el debate surgido en torno a la identidad de las caras que en un principio iban a poner a los corredores del monumento al encierro. Inconmensurable el tamaño de la del concejal que quería perpetuarse en la historia de Iruñea, así, como quien no quiere, trasplantando su careto a uno de los mozos. Pues bien, con el único fin de aportar un nuevo punto de vista a este debate, nosotros propondríamos al escultor hacer de este conjunto monumental un bestiario medieval en el que las cabezas de los animales fuesen sustituidas por las de todos esos listillos que nunca desaprovechan la ocasión para arrimar el ascua a su sardina. Porque a este paso, el día que restauren el monumento a los Fueros, a lo mejor nos encontramos con que han retocado la cara de la estatua, cejas, peinado y rictus incluido, para hacerla parecer a la de alguien que todos sabemos.

En cualquier caso, otro era el tema a comentar. El debate sobre el monumento tiene su importancia, pues pone de manifiesto el alto grado de miseria y vanidad humana que hoy anida en alguna concejalía y también el regalo ornamental a precio de saldo que se está haciendo a la CAN. Aún con todo, al margen de cuáles puedan ser los modelos elegidos para esculpir mozos, toros y cabestros, el debate actual oculta otro de bastante más interés. Veamos.
Justo en el lugar donde se pretende poner el monumento ha existido hasta la fecha algo bien distinto. Se trata de una pequeña estela, la «estela de Germán», que contra viento y marea ha venido denunciando a lo largo de estos 28 años la ignominia de un poder que no dudó en agredir a este pueblo en una de sus más queridas señas de identidad, sus universales fiestas, sin importar para ello llegar hasta la más indiscriminada y brutal de las agresiones vistas en Nafarroa desde el cobarde alzamiento de los matarifes del 36.

Recorriendo las calles de Iruñea se pueden ver diversas placas y monumentos en recuerdo de importantes hechos históricos. Así, frente a la iglesia de San Saturnino, una leyenda en el suelo nos recuerda que con el agua de un pozo allí situado bautizó ese santo a los primeros cristianos de la ciudad. Igualmente, en el pequeño jardín de la calle García Castañón, un monumento nos recuerda la herida sufrida por Ignacio de Loyola cuando, a las órdenes de los reyes castellanos, defendía la fortaleza de Iruñea frente al intento de reconquistar ésta por sus legítimos monarcas, a quienes la historia oficial les denomina «los franceses». La estela de Germán, igualmente, no ocupaba un lugar caprichoso. Al contrario, se ubicaba donde tenía que estar: donde lo mataron.

Pues bien, al margen de las distintas valoraciones que podamos tener sobre estos hechos y leyendas, lo cierto es que no sería del gusto de mucha gente, menos aún de las autoridades locales, cubrir o hacer desaparecer estos lugares en aras a construir, pongamos por caso, un contenedor soterrado en el pozo de San Saturnino o, puestos en plan sanferminero, un monumento que reflejara la salida de una peña de la plaza de toros en el lugar que hoy ocupa el santo de Loiola.

Con la excusa de la construcción del aparcamiento subterráneo de Avenida Roncesvalles sin duda alguna, Germán es un muerto incómodo se ha retirado la estela del lugar que ocupaba. Según nos hizo saber el concejal delegado correspondiente, Javier López, «la estela está depositada en dependencias municipales y, hasta la fecha 17 de noviembre de 2005 no está decidido su destino final». La estela, mientras tanto, parece que está acompañando a los mil y un restos romanos, visigodos y árabes extraídos de tantas obras y excavaciones con las que la cementera política municipal está destrozando la historia oculta de Iruñea.

El proyecto de urbanización de estas obras no contempla que la estela vaya a ser devuelta a su lugar de origen. El Ayuntamiento, marrullero corredor donde los haya, ha sacado a «codazos» a Germán de su lugar, sin importarle para nada incumplir su acuerdo de 18 de mayo de 2000, en el que aprobó mantener aquélla en su lugar. Por si existiera alguna duda al respecto, el debate en torno al monumento al encierro ha dejado absolutamente claro este punto: la estela de Germán seguirá secuestrada en algún obscuro almacén. Un monumento al encierro, en el que unos nobles mozos corren entre las astas de los toros, sustituirá así a lo que debiera aparecer en ese lugar: un grupo de personas de todas las edades, vestidas también de blanco y rojo, huyendo despavoridas de las astas policiales que en aquel trágico 8 de julio sembraron de violencia gratuita y criminal las calles de Iruñea.

Pero no lo van a conseguir. Amigos y amigas de Germán, compañeros y compañeras de sus múltiples militancias, miembros de las peñas con las que compartió meriendas y parrandas, estamos empeñados en no dejar que nada de esto ocurra. Llevamos meses trabajando por recuperar su estela y no cejaremos hasta que vuelva a su lugar. Por respeto a la memoria histórica, por amistad y respeto hacia Germán, y por exigencia de una justicia nunca dada a unas víctimas nunca reconocidas.

Docenas de grupos y colectivos sociales, culturales, peñas, asociaciones de vecinos, feministas, ONGsŠ así como un buen número de ciudadanos y ciudadanas de esta ciudad, vamos a presentar en las próximas semanas a los grupos municipales de Iruñea una moción en exigencia de que la estela conmemorativa de aquellos Sanfermines-78 y del asesinato de Germán sea repuesta a su antiguo emplazamiento. En cualquier caso, queremos que todo el mundo sepa que no va a haber aparcamiento subterráneo en el mundo, ni excusas escultóricas de ningún tipo, que impidan que la historia real de esta ciudad y este pueblo sea conocida y reconocida por toda su ciudadanía actual y futura. Estamos empeñados en ello y lo conseguiremos.

(artículo publicado en Diario de Noticias el 19 de mayo de 2006 y en Gara el 20 de mayo de 2006).

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