Sanfermines 78: acabemos con la impunidad

Algunas de las personas firmantes de este escrito somos víctimas directas de la agresión policial sufrida en Iruñea en julio de 1978; unas fuimos heridas, golpeadas, humilladas; otras sufrimos la pérdida de familiares. Recordemos que aquella barbarie dejó diez personas heridas de bala, 170 contusionadas de diversa consideración y sobre todo dos asesinados: Germán Rodríguez y Joseba Barandiarán. Han transcurrido 36 años y el Estado español sigue sin reconocer su implicación en aquellos hechos; 36 años sin que la verdad haya sido oficialmente reconocida, sin que los tribunales hayan condenado a los responsables y sin que el daño causado haya sido restañado.

Treinta y seis años sin Verdad, Justicia ni Reparación, en los que hemos tenido que ver como los responsables de aquella gravísima violación de los derechos humanos eran consolidados en sus puestos, ascendidos, premiados, e incluso condecorados por los gobiernos de aquella fraudulenta Transición, sin que se llevase a cabo investigación alguna, ni tan siquiera en el caso de los personajes más significados. ¡Es difícil imaginar un mayor grado de injusticia, humillación y abandono!

No constituimos un caso aislado. Vivimos en un lugar en el que aún hay más de 100.000 víctimas del genocidio franquista desaparecidas en fosas comunes y cuyos familiares tienen que soportar las burlas de los representantes del partido que hoy gobierna por exigir la búsqueda de sus seres queridos. Un lugar en el que no se ha exigido responsabilidad alguna por el robo de más de 30.000 bebés ocurrido, principalmente, durante la dictadura y basado en gran parte en motivaciones políticas. Un lugar en el cual las grandes empresas de la construcción que se beneficiaron del trabajo esclavo de miles de prisioneras y prisioneros políticos no han hecho frente a responsabilidad alguna. Un lugar en el que transcurridos más de 77 años desde el golpe de Estado del general Franco, la primera investigación iniciada sobre los crímenes del franquismo ha tenido que ser abierta por la justicia de un país lejano porque las leyes que se consolidaron durante la Transición impiden realizarla aquí.

Los responsables de aquellos asesinatos son los mismos que hoy están cometiendo uno de los mayores crímenes contra la ciudadanía, mediante el robo legal de miles de millones a través de la privatización de los servicios públicos, la denegación de derechos tan elementales como la vivienda, la sanidad, la educación….

No queremos ser sepultados por el olvido, la mentira o la historia falsificada. Y si la tenacidad de muchas víctimas ha conseguido la foto de los torturadores Muñecas y Pacheco en los juzgados, también para las víctimas de los Sanfermines de 1978 existe una esperanza. Martín Villa, ministro de Interior en aquellos momentos que aseguró “lo nuestro son errores, lo suyo crímenes”, está hoy a las puertas de ser imputado por la magistrada argentina María Servini de Cubría como autor de crímenes contra la humanidad. Estamos más cerca que nunca de conseguir el objetivo que nos marcamos hace 36 años, objetivo imposible de alcanzar sin el esfuerzo que año tras año muchas personas realizan acudiendo a la concentración que cada 8 de julio, a la una del mediodía, tiene lugar ante la estela de Germán en Iruñea. Esa misma estela por la que hemos tenido que luchar para consolidarla como parte de nuestra ciudad y que nos recuerda que hay que proseguir en nuestro empeño por devolver la dignidad a una ciudad y a un pueblo que fue brutalmente agredido y maltratado.

Es un pequeño acto, en plenas fiestas, pero su importancia trasciende su corta duración, porque representa un eslabón de una cadena que acabará consiguiendo Verdad, Justicia y Reparación. Y ese día, os lo aseguramos, todo el mundo lo celebraremos.

Fermín Rodríguez Saiz (hermano de Germán Rodríguez)
José Miguel Fernández Díaz de Cerio (herido de bala en la plaza de toros)
José Ramón Velez de Mendizábal (herido de bala en la plaza de toros)
Joxe Miel Barandiarán Urkola (hermano de Joseba Barandiarán)

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